Bolsas de alimentos: alternativa de los políticos corruptos

Juan Edilberto Rodríguez Morales


Con la riqueza que se genera en Canarias, resulta imperdonable que la clase política mire para otro lado cuando miles de familias, en paro, con la nevera vacía, recurren a humillantes bolsas de alimentos para poder subsistir; y, en cambio, no tenga en cuenta exigir poner en marcha nuevas infraestructuras para potenciar puestos de trabajo e impulsar una sociedad más justa. La razón de tan irresponsable dejación y, la dudosa transparencia, a no ejercer su cometido habría que buscarlo en las fuertes connotaciones caciquiles de las instituciones. Supondría echar por tierra que en el país de los ciegos el tuerto dejara de ser el rey; faltaría más.

       “Trabajo y salario digno para todos” tiene un recorrido que solo será factible en el marco libertario de una Canarias independiente y autogestionaria: único escenario que podrá garantizar la toma de decisiones políticas; la posibilidad de poner en práctica las prioridades de un desarrollo económico moderno; diversificar los recursos alimentarios, tal como recomienda la FAO; alejarnos de los fantasmas de una dependencia enfermiza frente a un desabastecimiento imprevisible que afectaría a todos por igual. Cualquier otro itinerario significaría dar vía libre al colonialismo y al caciquismo; una pérdida de tiempo, un engaño a la ciudadanía.

       Las campañas electorales sirven la mayoría de las veces para poner en alerta esa situación; y por tanto, la intención de dejar claro las estrategias más convenientes, para alcanzar dichos objetivos; cómo si no, dando lugar, previamente, a la descolonización e independencia; requisito necesario para poder planificar las recomendaciones que para tal fin sugiere la ONU.

       Sin embargo, nada más lejos de la realidad tal formalidad; pues una vez que las bases sociales se van decantando, poco a poco, por la defensa de sus derechos sociales y territoriales, vemos que entre las organizaciones llamadas perspicazmente soberanistas, se constata una deriva sucursalista, un alineamiento irresponsable con la metrópoli. De ahí que la militancia se vaya desconectando desilusionadamente de nuestros proyectos. Un efecto dominó no ajeno a dirigentes con amplia trayectoria en la lucha por la independencia.

       Igualmente trasladable resulta la negativa permanente en asistir a las reuniones por la “Mesa por la Unidad e Independencia” o los planteamientos unitarios del “MLNC”. No tiene lógica alguna y es otra de las barreras que va condicionando nuestro estancamiento político.

        Mientras las luchas reivindicativas en Cataluña y País Vasco, se ven respaldadas por una clase intelectual comprometida; en Canarias viven en otra onda; hay un distanciamiento evidente con los sectores que conforman el abanico productivo de la economía de Canarias; lo que algunos ilustrados autóctonos llaman despectivamente el lumpen; dejar claro las diferencias de clase; y hasta donde llega el desprecio de la Casta intelectual canaria hacia la clase trabajadora más humilde y combativa.

       Hace cuarenta años teníamos nuestras industrias, nuestra flota pesquera, fábricas de tabacos, industria textil, industrias conserveras; autoestima; teníamos un porcentaje de paro mucho más bajo que en la actualidad; la ilusión, de que estábamos en un proceso de crecimiento económico al alza; y, en la defensa de nuestros derechos territoriales y sociales; por la construcción de un modelo social más igualitario.

       Sin embargo, España en base a un criterio mezquino, viendo venir las justas reivindicaciones del pueblo canario y su capacidad de movilización una vez acabada la dictadura, aprovecha los requisitos previos a su entrada en la Unión Europea para reconducir nuestra economía de la manera más burda: elegir para Canarias entre un modelo de Estado Libre Asociado, que nos hubiese permitido seguir con nuestro incipiente desarrollo industrial y agrícola; o vendernos el turismo como una panacea, para así tener la oportunidad y la excusa perfecta de poder desmantelar todas las infraestructuras que estaban favoreciendo un modelo de sociedad progresista e identitario.

       Un gran porcentaje de la población canaria con menos de cuarenta años, no son conscientes del gran daño que ha ocasionado a la economía de esta tierra las decisiones sumisas de una clase política que no supo anteponer los intereses canarios a los grandes lobbies financieros. Un antes y después que marca otra etapa desgraciada de nuestros vínculos con España y que ningún país civilizado hubiese permitido: la supeditación a intereses foráneos un territorio No-Autónomo.

       Tal ha sido el daño en nuestra autoestima, -irreparable en siglos- que haciéndonos sentir incapaces de valorar nuestra capacidad potencial de emprendedores y subestimada la posibilidad de realizar proyectos por nosotros mismos sin el concurso de interlocutores provenientes del continente europeo, no sería desacertado reivindicar que los canarios/as debamos negociar un Estado Libre Asociado con quien siempre ha tenido una sensibilidad especial y de respeto con nuestras islas; proponer como contrapartida a un cúmulo continuado de despropósitos, malintencionados, un futuro más brillante que el que España nos ofrece. Dar la oportunidad a nuestros dirigentes políticos, hagan prácticas presenciales de cómo recuperar la ética y motivación necesaria para afrontar más pronto que tarde el respeto de una “Canarias libre y autogestionaria” en el concierto de las Naciones Unidas.

       Aunque el ejercicio de la doble militancia al abrazo del éxito de nuevas organizaciones sucursalistas, no nos ha sorprendido, y se va conociendo poco a poco los pormenores de sus cambios estratégicos; se puede deducir que la deriva independentista de Pueblo Canario Unido, les salió el tiro por la culata; pues es a partir de finales de los años setenta cuando sus dirigentes, apuntaban ya irremediablemente una estrategia previsible: desengancharse tarde o temprano de la órbita soberanista. Un proceso que venía andando lentamente con una de cal y otra de arena, hasta que por fin les llega la oportunidad de converger en PODEMOS. Éxito atribuible sin lugar a dudas al Partido Comunista de España, que organizándose desde la sombra ha sabido reconstruir su programa, en base a paciencia y confluencias, manteniendo intactas las tesis pro españolistas sobre las islas Canarias.

       Podríamos decir que Santiago Carrillo vive; pero, olvidan que los modelos controvertidos, ideológicamente manipulables, aquí y en otras latitudes y con los medios de comunicación en manos de un capitalismo recalcitrante, no han sido capaces de tener en cuenta un simple detalle: hacer hincapié en que el individuo tiene primeramente que reconocerse a sí mismo como un ser libre, no como instrumento de un todo. Temo que por cuadragésima vez han vuelto a meter la pata y provocarán la misma desbandada de militantes que en aquel entonces empezaba a despuntar PCU.

       Deben de aprender que las prioridades tienen sentido común y ejercerlas es la única manera de mantenernos unidos. Quizás, por esa y otras razones, comentaba Pablo Ródenas a la revista “Viento Sur”, que las ambigüedades no nos conducen a ningún lugar; dejando en evidencia a las organizaciones sucursalistas de izquierdas, como no es para menos. Por supuesto que dichas declaraciones no han querido reproducirlas ni debatirlas en los foros abiertos ni en sus propios Círculos porque nunca han tenido la valentía de asumir, responsablemente, el hecho diferencial canario, parapetados en estructuras virtuales, sin crear cuadros ni fortalecer a su militancia: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Y es que por desgracia ninguna organización se libra de este proceder.

       Pero, lo que paradójicamente resulta vergonzoso, donde de verdad se esconde la inacción, la dejadez y el posicionamiento involucionista de la clase intelectual canaria, -pilar y motor del colonialismo español- mientras gran parte del pueblo canario vive en la pobreza es el miedo a morder la mano de quien les da de comer; inculcar desde edad temprana la aculturación identitaria de sus alumnos.

Por un Movimiento de Liberación Nacional de Canarias (MLNC)

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