La Laguna y los surcos (II)

«.» Wladimiro Rodríguez Brito


[…La Laguna tiene más de 500 años de historia en su actividad agroganadera, y casi 100 años de cultivo de regadío en la costa, ya que en los años 30 del s. XX fue el segundo municipio tomatero de la Isla, después de Güímar, y, con anterioridad, tuvo otras zonas de regadío en torno a los barrancos de Las Tapias y el Río. Estamos ante uno de los paisajes agrarios más productivos de Tenerife y de Canarias, desde El Ortigal hasta Los Batanes, desde Las Carboneras hasta Punta del Hidalgo… La principal carencia es humana. En Tenerife, como en Canarias, tendremos que plantearnos como asignatura pendiente la dignificación del campo. Uno de los puntos importantes es el relevo generacional…]

Cada día estamos más convencidos, la crisis agraria en Canarias tiene las connotaciones culturales de un pueblo que ha crecido en el espejismo de la modernidad, en la que se asocia agricultura a miseria, a atraso, al pasado. Ahora lo que asociamos con mejora del campo son las máquinas, modificar semillas, química, robótica, PlayStation, etc.

Esta crisis también tiene un importante origen económico, pues ahora lo que manda son los márgenes comerciales en el mundo de la distribución de alimentos, propiciando la pérdida de los pequeños distribuidores, primando la gran superficie y concentrando la distribución en pocas manos. Esto, unido al dinero fácil, la construcción, los sueños de vender el suelo para urbanizar, ha desembocado en el fracaso de las cooperativas y las entidades locales (Tenflor, Cooperativa Cosecheros de Tejina), la crisis de varias empresas familiares en la zona, y la caída del mercado exterior de flores y plantas ornamentales, que antaño fueron motor económico de la zona.

La cultura de señoritos en la que se han criado nuestros hijos, “el que sirve, sirve, y el que no pal campo”, ha dado lugar a una erosión sin precedentes en la historia de La Laguna, pasando de 4.200 ha cultivadas en 1984 a las 1.800 ha en el año 2016.

Ruptura con el ayer sin que veamos garantía, freno del deterioro de los últimos años. Tenemos pequeñas luces que parece que alumbran el final del túnel. La incorporación de jóvenes en el sector primario tiene que ser una prioridad, así como el nuevo marco de leyes que facilitan la actividad ganadera, la mejora en instalaciones complementarias, bodegas, establos, invernaderos, agua, etc.

La potenciación de empresas que marcan pautas con cultivos que son una referencia, como el caso de la papaya. Un cambio de mentalidad que demanda productos de la tierra, tanto en el plano ganadero, como en el vino, hortalizas, gofio, queso. La siembra que ha dejado Pedro Molina en la defensa de una identidad, de una referencia, en la que el campo no es sinónimo del pasado y la marginación. Ese es el espíritu en el que vamos a celebrar próximamente unas jornadas, que aquí y ahora quieren sembrar ilusión, compromiso con un pasado como camino de futuro, ya que tanto en el plano local como en el contexto internacional, tenemos que mirar para el futuro, entendiendo que no tratamos de un tema de nostalgia con tintes románticos, de contemplación, con cultura museística, de una retahíla de acontecimientos, de un pasado de miseria y atraso, de sorribas, construcción de pozos, canales de agua.

Trabajo y miseria de una sociedad pobre y áspera, de un pueblo sin rumbo, en la que el sacho o la mandarria eran la única alternativa a la emigración a Venezuela. Ahora, los acontecimientos recientes de ese país ponen de manifiesto que el estómago no digiere billetes devaluados. Es necesario leer con máxima atención la contradicción que existe entre la riqueza de recursos de Venezuela y la situación de sufrimiento de su pueblo.

La Laguna tiene más de 500 años de historia en su actividad agroganadera, y casi 100 años de cultivo de regadío en la costa, ya que en los años 30 del s. XX fue el segundo municipio tomatero de la Isla, después de Güímar, y, con anterioridad, tuvo otras zonas de regadío en torno a los barrancos de Las Tapias y el Río. Estamos ante uno de los paisajes agrarios más productivos de Tenerife y de Canarias, desde El Ortigal hasta Los Batanes, desde Las Carboneras hasta Punta del Hidalgo.

La principal carencia es humana. En Tenerife, como en Canarias, tendremos que plantearnos como asignatura pendiente la dignificación del campo. Uno de los puntos importantes es el relevo generacional, hemos de plantear que el actual sistema de reparto de herencias hace inviable sacar adelante explotaciones, asignando surcos a los hijos, en muchos casos haciendo que se abandone la actividad agraria, descapitalizado el medio rural. Las administraciones deben plantear medidas que refuercen la viabilidad de las explotaciones, bien sea el sistema catalán de herencia al hijo mayor, o por otra vía. Recordemos las 500 ha de plátanos que hemos perdido en La Laguna en cuarenta años, que eran las más divididas de Tenerife en los años ochenta, ya que la media por agricultor estaba en 15.000 kg, mientras Guía de Isora superaba los 75.000 kg.

En Canarias, el actual sistema de herencia obliga a repartir entre los herederos, de tal forma que incluso parte de una higuera debe ser dividida; incluso en La Gomera hay palmeras pertenecientes a varios familiares, o unos surcos de papas, o las pencas de los dragos de La Tosca en Barlovento, que están repartidas entre varios herederos.

La dignificación del campo, aquí y ahora, en La Laguna y otros puntos del Archipiélago, nos obliga a mirar hacia dentro, porque tenemos que cambiar muchas cosas para crear estímulos sociales y económicos. Nuestro campo, como algo básico y elemental en una sociedad más equilibrada en los planos social y ambiental.

En los encuentros del próximo mayo hemos de tratar muchos temas que siembren compromiso e ilusión con el futuro de nuestra tierra. Hemos de poner los cimientos de una sociedad más viable, y no son sólo económicos, son también de dignificación del mundo rural.

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* Doctor en Geografía por la Universidad de La Laguna

 

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